4 errores que arruinan vidas
¿Has leído acerca de un experimento practicado sobre unas ranas, donde se les sumerge en agua y se sube la temperatura gradualmente hasta que son cocidas, sin que éstas hayan percibido, jamás, el cambio de temperatura? Pues bien, en el aspecto de nuestra salud física y mental somos como esas ranitas. Vamos perdiendo poco a poco la salud y la felicidad, sin darnos cuenta, hasta que nuestro cuerpo o nuestra mente no pueden más. A diferencia de los batracios que no tienen regulación térmica, nosotros tenemos la capacidad para rectificar en todo momento. Pero, ¿qué podemos rectificar si precisamente no sabemos cuál es nuestra cacerola de agua hirviendo? Hoy platicaremos de cuatro errores frecuentes que limitan nuestra vida y cómo podemos superarlos.
I. Perseguir ideales equivocados.
Decía Carl Rogers que ser auténtico se relaciona con la búsqueda del propio yo: “Las personas que no padecen esa ardua búsqueda del yo, someten su libertad individual a alguna organización o institución que elige los propósitos, los valores y la filosofía que hay que adoptar.” Es nuestra elección decidir ser “yo mismo” o ser “lo que otros quieren de mí”.
Someterse es un camino tan “cómodo” como lleno de frustraciones y neurosis. Nos divide entre quienes somos en realidad (self) y en quienes creemos que deberíamos ser (self ideal). En la medida en que estos dos se apartan surge la incongruencia. A mayor incongruencia entre ambas, existe más des-sincronización, más neurosis.
Buscar quiénes somos, por su parte, es un camino tan interminable como lleno de tropiezos. Sin embargo, cada paso que damos en el descubrimiento del self (“el yo verdadero”) nos llena de satisfacción y nos impulsa a seguir adelante.
En aquellas partes de nuestra vida en la cual nos sentimos muy cómodos, donde estamos muy a gusto con nosotros mismos, es seguro que nos califiquemos con un 9 o 10 con respecto del “ideal”. Por el otro lado, aquellas partes que nos provocan ansiedad o descontento, son aquellas en las cuales nos calificamos con un 6 o 7. Las calificaciones reprobatorias, por su parte, indicarían puntos de neurosis. Esta calificación de nuestro self contra el self ideal es totalmente arbitraria y subjetiva, pero sincera. Es imposible engañar al inconsciente. Podemos decir “merezco un 10 en tal aspecto”; pero sólo si ese aspecto está totalmente libre de conflicto será un verdadero 10. Entonces, al decir “calificación sincera” no estoy diciendo la verbalizada; sino la calificación que dictan nuestros verdaderos sentimientos.
Aunque comúnmente no sabemos quiénes somos, sí sabemos cómo queremos ser o cómo creemos que deberíamos ser. Tenemos ideales de cómo debemos comportarnos, sobre qué pensamientos debemos tener (y cuáles rechazar) y los sentimientos que son aceptables (y los que no). Este conjunto de creencias y juicios de valor que hacemos y tenemos sobre los actos, pensamientos y sentimientos son una “conciencia sobre-impuesta”.
Es común, entonces, que nos esforcemos por mejorar nuestra auto-calificación, por reducir la incongruencia. Ya sea que lo hagamos para evitar el dolor o por un sincero afán de ser “mejores”, leemos, tomamos cursos, pedimos ayuda a Dios, hacemos ejercicio o intentamos todo aquello que esté a nuestro alcance por llegar al 10 o al menos, por reducir la incongruencia.
Es muy común creer que debemos llegar al 10 en todos los aspectos. Hay quienes luchan toda su vida por este ideal. Personas que son eternas luchadoras, admirables y dignas de respeto. Sin embargo, la mayoría de la gente aceptamos que es imposible ser perfecto y, nos detenemos al llegar a un aceptable 8 o bien, aceptamos un cínico 6 y nos resignamos a vivir con ese “dolor”.
Nuestra conciencia sobre-impuesta (todo aquello que nos decimos a nosotros mismos sobre lo que debemos ser) fue creada (y creída) en nuestro pasado, bajo circunstancias totalmente distintas a las actuales, normalmente cuando éramos pequeños e indefensos, cuando "ser buen niño" era imprescindible para sobrevivir. Entonces, ajustarse a esas normas, era una cuestión de vida o muerte.
Así que, un segundo camino para reducir la incongruencia consiste en revisar nuestros ideales. Nuestra conciencia sobre-impuesta no revisa la validez del self ideal. Revisar los ideales no significa renunciar a ellos. Significa ajustarlos a nuestra nueva realidad. Al hacerlo, bajará el nivel de exigencia y de igual forma se reducirá la distancia. Esto, que parece ser demasiando simple, a muchos nos tomará por sorpresa. Algunos podríamos defender nuestro “derecho a vivir angustiados” y preguntarnos: “¿acaso no debo ser perfecto en tal o cual área?”. La pregunta correcta no es ésa, sino ésta: “¿para qué quiero ser perfecto en tal o cuál área?”. Revisar la conciencia sobre-impuesta es sanador, nos liberará de muchos miedos infantiles.
Si aún creemos que no debemos renunciar al ideal inicial, o nos resistimos a hacerlo, podemos hacer una concesión con nosotros mismos y establecer una meta realista a corto plazo. Coloquemos el ideal sólo un poco por encima de nuestra calificación actual. Y hagamos el compromiso para revisarla nuevamente en cuanto hayamos conseguido un 9 o el 10. Este acuerdo con nosotros mismos será más llevadero y podría suceder que, cuando lleguemos al “ideal realista”, no demos cuenta que no es necesario llevarlo más allá.
II. Confundir los niveles del ser.
La incongruencia sucede en los niveles de los actos, pensamientos y sentimientos. Una incongruencia en el nivel de nuestros actos puede ser angustiante; pero seguramente sabremos perdonarnos; en el nivel de nuestros pensamientos, puede ser dolorosa o moleta; pero en el nivel de los sentimientos suele ser devastadora. Muchos confundimos estos niveles. Pongamos por ejemplo que marcamos equivocadamente un número telefónico. Este error lo podemos dejar en el nivel de nuestros actos (“me equivoqué”), lo podemos llevar al nivel de nuestros pensamientos (“qué tonto soy”) o en el de nuestros sentimientos (“me enoja equivocarme”). La confusión también sucede en el sentido inverso. Por ejemplo, solemos comer (actuamos) cuando estamos tristes. Así que, otra fuente de angustia, es juzgar nuestros actos, pensamientos y sentimientos (que ya de por sí es un error hacerlo) en el nivel equivocado.
Perpetuamos este error con nuestros hijos cuando les decimos “eres malo” o “¿te crees muy listo?” cuando algo que hicieron no nos gustó (aunque aquí podríamos revisar con qué ideal entramos en conflicto). Es preferible indicar la fuente de referencia del juicio de valor (“a mi” o “a otros”). Por ejemplo, “a mi no me gustó lo que hiciste” es preferible a “está mal lo que hiciste”. “A mi me da miedo que hagas eso” es mejor que “no hagas eso”, “Hay gente que se puede sentir incómoda si haces eso” es mejor que "eso es grosero". Corrijo la conducta, lo libero de la carga y de la culpa (porque seguramente a él no le da miedo o a él sí le gustó hacer tal cosa) y lo hago pensar en los demás.
III. Confundir “mi realidad” con “la realidad”.
Cuando digo "pensamientos", englobo nuestras creencias, juicios y valores que hacemos y tenemos sobre el medio ambiente, sobre nuestras aptitudes, sobre quiénes somos, para qué estamos aquí, nuestras creencias en el plano religioso.
Una fuente enorme de problemas es confundir nuestras creencias con la realidad. En realidad, jamás conocemos “la realidad”, sino sólo “nuestra realidad”, aquello que percibimos. Podemos creer que Dios existe, o podemos creer que no existe; pero Dios no existirá o dejará de existir porque yo crea o no. La realidad no tiene nada que ver con lo que yo crea. Mi realidad, es la percepción que de ella tengo. Si entendiéramos esto, acabaríamos con los celos, discusiones, preocupaciones, equívocos y hasta acabarían las guerras. Existe mucha gente que es capaz de matar o morir por sus creencias.
Hace poco una amiga estaba preocupada y triste porque el día anterior había tenido una discusión con su novio. Ella había estado intolerante y él le dijo que se veían después, cuando ella estuviera más calmada. Nuestra conversación fue más o menos así:
- (Ella) Ya no me va a volver a buscar.
- (Yo)¿Es un hecho que no te volverá a buscar o es algo que puede pasar?
- (Ella) Bueno… es algo que puede pasar. (Aquí ya cambió su tono de voz)
- (Yo) Entonces, aún no ha ocurrido, ¿verdad?
- (Ella) No.
- (Yo) ¿Qué puedes hacer para que eso no ocurra?
- (Ella) Hablarle y pedirle una disculpa; pero no sé si siga enojado. (Otra vez preocupándose, pero bueno, aún no aprendía la lección)
- (Yo) Puede estar enojado o no. Eso no lo puedes saber hasta hablar con él. ¿Quieres hacerlo o prefieres esperar a que él te hable?
Si somos sordos, ciegos e insensibles a nuestras propias verdades, ¿cómo esperamos entender, acompañar, ayudar o amar a los demás?
Para evitar este error, digamos o pensemos “yo creo” o “he aprendido que”. Este simple “añadido” a cada oración, nos recordará o le recordará a los demás que eso es sólo "nuestra realidad", nuestro punto de vista. De igual forma, lo que los demás digan o hagan es “su realidad” y, por tanto, tan respetable como la nuestra. De este tema, hay muchísimo que decir y probablemente platiquemos un poco más adelante.
IV. Reprimir en vez de encauzar.
Me encantan los niños porque tienen alineados sus actos, sus pensamientos y sus sentimientos, tanto para las cosas "buenas" como para las "malas". Si están enojados, inventarán venganzas en su mente y son capaces de llevarlas a cabo. Como adultos, aprendemos que si hacemos eso, tenemos que pagar las consecuencias.
Una causa de sufrimiento es cuando nuestros sentimientos apuntan hacia una dirección, nuestros pensamientos hacia otra y hacemos cosas completamente distintas a lo que pensamos o a lo que sentimos. Esta falta de alineación es más frecuente de lo que creemos. Para poder fluir en la vida debemos alinear estos tres niveles.
Normalmente, luchamos contra las conductas "malas". En los niños nos damos cuenta que los actos, pensamientos y sentimientos "malos" no son más que "distorsiones" de la energía creativa que hay en ellos. Aunque sea para destruir, hay mucha creatividad para hacerlo. Así que debemos aceptar y reencauzar esa energía hacia el lado constructivo, en vez de negarla, rechazarla o reprimirla. Si no encauzamos esa energía “indeseable” tarde o temprano saldrá en forma de agresión o enfermedad física o mental. También reprimimos los sentimientos positivos. Cuántas veces hemos reprimido la ternura que sentimos por no parecer “cursis”. O bien, guardamos el amor esperando darlo a la persona idónea.
Cuando estamos tan enojados que sentimos las ganas de golpear, patear, estrangular o cuando menos de pellizcar, independientemente de la validez de nuestro sentimiento (ya que para eso deberíamos revisar qué está pasando y en esos momentos no será fácil hacerlo), podemos encauzar esa misma ira contra un objeto (algún cojín, almohada o trapo). Es necesario que alineemos el sentimiento con el acto. Si tenemos ganas de estrangular, estrangulemos una toalla. Si tenemos ganas de patear, pateemos un objeto o el piso. Si queremos estrangular y en vez de eso pateamos, no estamos liberando la ira en la forma que deberíamos.
Encauzar no significa luchar en contra ni en aceptar todo lo que venga. Significa alinear nuestros sentimientos, pensamientos y actos de tal manera que no cause daño a nadie y que pueda surgir algo bueno. En el ejemplo del manejo de la ira que mencioné. No se trata de luchar contra el sentimiento, ni de lastimar al objeto de nuestra ira, sino aceptar el sentimiento, entender que tenemos derecho a enojarnos y, por último, actuar sin lastimar a nadie.
Enoch Alvarado
31 de diciembre de 2008
19 de diciembre de 2008
¿Qué falla en la escuela?
¿Qué falla en la escuela?
La escuela poco tiene que ver con el aprendizaje, mucho menos con una verdadera educación. Actualmente, el método empleado para "enseñar" consiste en presentar cierta cantidad de información a los alumnos para luego realizarles un examen y calificar cuánta de esta información fueron capaces de “retener”. Así, lo que realmente aprenden los alumnos es a dar las respuestas "dictadas" que esperan los profesores (a veces ni siquiera las correctas).
Los profesores imponen sus propias reglas sobre los alumnos. Muchas veces arbitrarias y absurdas. Reglas que ellos mismos rompen en cualquier momento. Este abuso de poder es ejercido con total impunidad. El autoritarismo es ejercido en razón inversa a la calidad humana del profesor. Y esto es también aprendido por nuestros jóvenes: abusa de los demás, y en cuanto más débiles y desprotegidos, mejor.
El contenido que se enseña en las escuelas también es bastante cuestionable. Mucha información, se pretende pasar como “bases” o como cultura general. Cualquier adulto sabe que sólo un mínimo de lo aprendido en la escuela le ha resultado útil en algún momento de su vida. Aún en la educación universitaria, los alumnos se quejan de lo poco concreto de sus estudios y terminan su carrera con gran inseguridad y muchos miedos de enfrentarse al mundo laboral pues “saben que no saben”.
Los medios que utilizan los profesores para enseñar suelen ser limitados a unas cuantas técnicas audiovisuales, en el mejor de los casos; pero la mayoría de las veces la “técnica” se limita a un “dictado”, a escribir en el pizarrón para que los alumnos copien, a dejar que alguno de los alumnos lea el tema del mismo libro de texto, o bien, lo dejan de tarea con el nombre de “investigación” para que los alumnos aprendan por sí mismos. Nuestros alumnos aprenden que la mediocridad en el trabajo es la norma, no la excepción. Aprenden a aparentar que el trabajo se hace.
La escuela y los profesores tratan de ajustar al alumno a sus propias reglas y de que “aprenda” los contenidos. Poco importa su situación, sus deseos, sus intereses, sus habilidades y sus debilidades. Así, el alumno aprende a no considerar a los demás como personas.
La “disciplina” en la escuela es entendida como el conformismo o el silencio a las actitudes y decisiones que tomen los profesores. Cualquier opinión expresada en contrario por los alumnos suele tacharse de rebeldía y es reprimida o coartada de inmediato. Así el alumno aprende a quedarse callado, con su rabia, o a conformarse.
Los laboratorios se realizan para repetir experimentos, jamás para experimentar o, siquiera, entender el planteamiento científico que llevó a ellos. Lo que se califica en ellos no es la curiosidad científica sino la capacidad para seguir instrucciones al pie de la letra. Así, el alumno aprende a matar su iniciativa.
Los exámenes que deberían ser un instrumento para conocer el grado de aprovechamiento de los alumnos suelen ser un arma más de terror. Se emplean los exámenes “sorpresa” cuando los alumnos están más inquietos de lo debido. Los exámenes deberían calificar tanto a alumnos como a profesores. Si un examen no obtiene una distribución normal o una mejor de calificaciones, entonces de inmediato sabemos que el profesor no cumplió su tarea de hacer que el grupo aprendiera. Más bien, el examen es preparado con preguntas retorcidas, ambiguas o desproporcionadamente difíciles en comparación con lo visto en clases. Así, el alumno tiene todas las de perder y el objetivo real de los exámenes es torcido en beneficio del “autoritarismo” del profesor. Así, el alumno aprende a humillar.
Por último, llega la calificación final. Aquí, los profesores “consideran” el esfuerzo del alumno (calificación cualitativa), los exámenes (calificación cuantitativa) y demás puntos extra que suben o bajan a su arbitrio. En realidad, es la etapa de la negociación, donde los más llorones, arrastrados, barberos y “cooperativos” reciben la benevolencia del profesor en forma de “puntos extra”. Así, los alumnos aprenden que obtener la aprobación del profesor es mejor que ser esforzado y estudioso.
Todo lo que realmente aprenden nuestros jóvenes en la escuela es la “currícula oculta” que se reflejará a lo largo de su vida. De adultos, como padres, como trabajadores o como nuevos profesores repetirán esta misma historia de abuso, hipocresía, conformismo, indiferencia y cinismo.
Independientemente del “éxito” o “fracaso” escolar, el alumno aprende que cualquier idea en contrario a la propia o la establecida, por buena que sea, es una “traición” y se privan y privan a todo su alrededor de cualquier mejora... Aprenden a mantener el status quo. Una sociedad que educa así a sus jóvenes no es una sociedad en desarrollo. Las sociedades avanzan porque ha existido gente que no se conforma con el estado de las cosas.
La educación "rasa", que imparte el Estado, pretende enseñar a todos los niños por igual, independientemente de su situación geográfica, cultural e intelectual. Esto, más que obedecer a un espíritu de igualdad parece la "producción en serie" de objetos de consumo. Los niños con más capacidad para su edad se verán retrasados en su aprendizaje mientras que aquellos con menos serán tachados como malos estudiantes.
Los padres se preocupan por darles a sus hijos una buena escuela donde, dicen, habrán de ser educados. Sin embargo, olvidan que la verdadera educación es la del hogar y si los padres rehúyen o ignoran su responsabilidad, están enseñando a sus hijos a rehuir e ignorar las suyas.
Algunos padres buscan una escuela que “discipline” a sus hijos, olvidando que si un niño tiene problemas de disciplina, generalmente provienen de casa. Así, dejan que sea la escuela la que imponga el “castigo” que no se atreven a imponer.
Muchos padres no “llevan” a sus hijos a la escuela, los “abandonan” ahí. Esto es más evidente durante los días de asueto y vacaciones cuando no encuentran qué hacer con los hijos. Si el padre no se interesa en la educación de sus propios hijos, los profesores no lo harán mejor... ni siquiera por la paga.
Por otro lado, están los padres que “exigen” a sus hijos o a la escuela las mejores calificaciones, como si en ésto les fuera la vida. Cuando las calificaciones no son las esperadas, algunos padres se vuelven en contra del hijo y aumentan la “presión”, mientras que otros se vuelven en contra de la escuela. Así los hijos aprenden a exigir y culpar a los demás de sus propias expectativas y frustraciones.
Los padres podrán decir en su descargo que nadie les enseñó a ser padres, lo cual es correcto, y que por eso tienen que confiar en las escuelas para educar a sus hijos (cuya razón de ser es precisamente eso). Sin embargo, el que no exista una educación formal para ser padres no disminuye la responsabilidad de serlo y, por otro lado, repito, la escuela poco tiene que ver con el aprendizaje y la educación.
Entonces, qué hace la escuela con nuestros hijos? Bueno, además de la “currícula oculta” mencionada, la escuela adiestra a los alumnos. El adiestramiento es la capacitación para realizar una tarea específica. Así, la escuela nos adiestra para realizar ciertas tareas: “memorizar”, “leer”, “escribir”, realizar operaciones matemáticas, etc. Terminados los grados, los alumnos deberían ser capaces de realizar estas y otras tareas.
La escuela también instruye a nuestros hijos, entendiendo como instrucción la enseñanza de las reglas que rigen las diversas situaciones. Los alumnos son instruidos, por ejemplo, en Civismo, higiene y deportes.
El aprendizaje debería consistir en adquirir nuevas formas para hacer las cosas o para la consecución de metas, no el mero hecho de recopilar información. El aprendizaje no debiera medirse por la cantidad de conocimientos almacenados en la mente del alumno, sino en la capacidad con que el alumno pueda realizar eficaz y eficientemente cualquier cosa que requiera en su vida. Si no se consigue este objetivo, no tendrá valor alguno desde el punto de vista práctico y, por ende, no motivará en forma alguna al estudiante a aprender.”
Si aprendemos a utilizar nuestras capacidades y resolver nuestras deficiencias, entonces nos será fácil lograr las metas que nos pongamos. ¿Nuestras escuelas están logrando esto? Aún antes, ¿Es éste el objetivo de nuestras escuelas?
Enoch Alvarado
La escuela poco tiene que ver con el aprendizaje, mucho menos con una verdadera educación. Actualmente, el método empleado para "enseñar" consiste en presentar cierta cantidad de información a los alumnos para luego realizarles un examen y calificar cuánta de esta información fueron capaces de “retener”. Así, lo que realmente aprenden los alumnos es a dar las respuestas "dictadas" que esperan los profesores (a veces ni siquiera las correctas).
Los profesores imponen sus propias reglas sobre los alumnos. Muchas veces arbitrarias y absurdas. Reglas que ellos mismos rompen en cualquier momento. Este abuso de poder es ejercido con total impunidad. El autoritarismo es ejercido en razón inversa a la calidad humana del profesor. Y esto es también aprendido por nuestros jóvenes: abusa de los demás, y en cuanto más débiles y desprotegidos, mejor.
El contenido que se enseña en las escuelas también es bastante cuestionable. Mucha información, se pretende pasar como “bases” o como cultura general. Cualquier adulto sabe que sólo un mínimo de lo aprendido en la escuela le ha resultado útil en algún momento de su vida. Aún en la educación universitaria, los alumnos se quejan de lo poco concreto de sus estudios y terminan su carrera con gran inseguridad y muchos miedos de enfrentarse al mundo laboral pues “saben que no saben”.
Los medios que utilizan los profesores para enseñar suelen ser limitados a unas cuantas técnicas audiovisuales, en el mejor de los casos; pero la mayoría de las veces la “técnica” se limita a un “dictado”, a escribir en el pizarrón para que los alumnos copien, a dejar que alguno de los alumnos lea el tema del mismo libro de texto, o bien, lo dejan de tarea con el nombre de “investigación” para que los alumnos aprendan por sí mismos. Nuestros alumnos aprenden que la mediocridad en el trabajo es la norma, no la excepción. Aprenden a aparentar que el trabajo se hace.
La escuela y los profesores tratan de ajustar al alumno a sus propias reglas y de que “aprenda” los contenidos. Poco importa su situación, sus deseos, sus intereses, sus habilidades y sus debilidades. Así, el alumno aprende a no considerar a los demás como personas.
La “disciplina” en la escuela es entendida como el conformismo o el silencio a las actitudes y decisiones que tomen los profesores. Cualquier opinión expresada en contrario por los alumnos suele tacharse de rebeldía y es reprimida o coartada de inmediato. Así el alumno aprende a quedarse callado, con su rabia, o a conformarse.
Los laboratorios se realizan para repetir experimentos, jamás para experimentar o, siquiera, entender el planteamiento científico que llevó a ellos. Lo que se califica en ellos no es la curiosidad científica sino la capacidad para seguir instrucciones al pie de la letra. Así, el alumno aprende a matar su iniciativa.
Los exámenes que deberían ser un instrumento para conocer el grado de aprovechamiento de los alumnos suelen ser un arma más de terror. Se emplean los exámenes “sorpresa” cuando los alumnos están más inquietos de lo debido. Los exámenes deberían calificar tanto a alumnos como a profesores. Si un examen no obtiene una distribución normal o una mejor de calificaciones, entonces de inmediato sabemos que el profesor no cumplió su tarea de hacer que el grupo aprendiera. Más bien, el examen es preparado con preguntas retorcidas, ambiguas o desproporcionadamente difíciles en comparación con lo visto en clases. Así, el alumno tiene todas las de perder y el objetivo real de los exámenes es torcido en beneficio del “autoritarismo” del profesor. Así, el alumno aprende a humillar.
Por último, llega la calificación final. Aquí, los profesores “consideran” el esfuerzo del alumno (calificación cualitativa), los exámenes (calificación cuantitativa) y demás puntos extra que suben o bajan a su arbitrio. En realidad, es la etapa de la negociación, donde los más llorones, arrastrados, barberos y “cooperativos” reciben la benevolencia del profesor en forma de “puntos extra”. Así, los alumnos aprenden que obtener la aprobación del profesor es mejor que ser esforzado y estudioso.
Todo lo que realmente aprenden nuestros jóvenes en la escuela es la “currícula oculta” que se reflejará a lo largo de su vida. De adultos, como padres, como trabajadores o como nuevos profesores repetirán esta misma historia de abuso, hipocresía, conformismo, indiferencia y cinismo.
Independientemente del “éxito” o “fracaso” escolar, el alumno aprende que cualquier idea en contrario a la propia o la establecida, por buena que sea, es una “traición” y se privan y privan a todo su alrededor de cualquier mejora... Aprenden a mantener el status quo. Una sociedad que educa así a sus jóvenes no es una sociedad en desarrollo. Las sociedades avanzan porque ha existido gente que no se conforma con el estado de las cosas.
La educación "rasa", que imparte el Estado, pretende enseñar a todos los niños por igual, independientemente de su situación geográfica, cultural e intelectual. Esto, más que obedecer a un espíritu de igualdad parece la "producción en serie" de objetos de consumo. Los niños con más capacidad para su edad se verán retrasados en su aprendizaje mientras que aquellos con menos serán tachados como malos estudiantes.
Los padres se preocupan por darles a sus hijos una buena escuela donde, dicen, habrán de ser educados. Sin embargo, olvidan que la verdadera educación es la del hogar y si los padres rehúyen o ignoran su responsabilidad, están enseñando a sus hijos a rehuir e ignorar las suyas.
Algunos padres buscan una escuela que “discipline” a sus hijos, olvidando que si un niño tiene problemas de disciplina, generalmente provienen de casa. Así, dejan que sea la escuela la que imponga el “castigo” que no se atreven a imponer.
Muchos padres no “llevan” a sus hijos a la escuela, los “abandonan” ahí. Esto es más evidente durante los días de asueto y vacaciones cuando no encuentran qué hacer con los hijos. Si el padre no se interesa en la educación de sus propios hijos, los profesores no lo harán mejor... ni siquiera por la paga.
Por otro lado, están los padres que “exigen” a sus hijos o a la escuela las mejores calificaciones, como si en ésto les fuera la vida. Cuando las calificaciones no son las esperadas, algunos padres se vuelven en contra del hijo y aumentan la “presión”, mientras que otros se vuelven en contra de la escuela. Así los hijos aprenden a exigir y culpar a los demás de sus propias expectativas y frustraciones.
Los padres podrán decir en su descargo que nadie les enseñó a ser padres, lo cual es correcto, y que por eso tienen que confiar en las escuelas para educar a sus hijos (cuya razón de ser es precisamente eso). Sin embargo, el que no exista una educación formal para ser padres no disminuye la responsabilidad de serlo y, por otro lado, repito, la escuela poco tiene que ver con el aprendizaje y la educación.
Entonces, qué hace la escuela con nuestros hijos? Bueno, además de la “currícula oculta” mencionada, la escuela adiestra a los alumnos. El adiestramiento es la capacitación para realizar una tarea específica. Así, la escuela nos adiestra para realizar ciertas tareas: “memorizar”, “leer”, “escribir”, realizar operaciones matemáticas, etc. Terminados los grados, los alumnos deberían ser capaces de realizar estas y otras tareas.
La escuela también instruye a nuestros hijos, entendiendo como instrucción la enseñanza de las reglas que rigen las diversas situaciones. Los alumnos son instruidos, por ejemplo, en Civismo, higiene y deportes.
El aprendizaje debería consistir en adquirir nuevas formas para hacer las cosas o para la consecución de metas, no el mero hecho de recopilar información. El aprendizaje no debiera medirse por la cantidad de conocimientos almacenados en la mente del alumno, sino en la capacidad con que el alumno pueda realizar eficaz y eficientemente cualquier cosa que requiera en su vida. Si no se consigue este objetivo, no tendrá valor alguno desde el punto de vista práctico y, por ende, no motivará en forma alguna al estudiante a aprender.”
Si aprendemos a utilizar nuestras capacidades y resolver nuestras deficiencias, entonces nos será fácil lograr las metas que nos pongamos. ¿Nuestras escuelas están logrando esto? Aún antes, ¿Es éste el objetivo de nuestras escuelas?
Enoch Alvarado
18 de diciembre de 2008
Mis frases favoritas
Mis frases favoritas:
Mi frase subliminal favorita:
“ “
Mi frase oculta favorita:
Mi frase censurada favorita:
"#$@ $ $*@#@$# % &%$#"
Mi frase simpática favorita:
“Ja ja jajaja jo jo jo, jeje, ¡juar juar juar, ji ji!”
Traducida al inglés:
“Ho ho ho ho, hahaha, hehe, ¡giggle giggle!”
Mi frase de doble sentido favorita:
“Anita lava la tina”
Y, para los que spikinglish:
“A man, a plan, a canal, Panama”
Mi frase triste favorita:
“¡Bu ju!, snif snif.”
Mi frase corta favorita:
“I?.”
(¿y la tina?)
Mi frase picante favorita:
“Habanero, jalapeño, piquín y morita”.
Mi frase caliente favorita:
“¡Chinga tu madre!”
(¿Verdad que calienta?)
Mi frase mortal favorita:
“¡Bang!”
Mi frase satisfactoria favorita:
“¡Aaaaaaaah!”
Mi frase cortante favorita:
“Gillette”
Mi frase críptica favorita:
“Rmytr ñpd omfobofipd. Vp,p rmytr ñsd msvopmrd. rñ trd`ryp sñ frtrvjp skrmp rd ñs ásx”
Mi frase redundante favorita:
“Mi frase redundante favorita.”
Mi frase secreta favorita:
“XXXXTOPXXXSECRETXXXXXXXXX”
Mi frase chocante favorita:
“!Scriiiiiiiiich! ¡Craaash!.”
Mi frase misteriosa favorita:
“Chan chan chan chan.”
Mi frase musical favorita:
“Mi fa-fá sí sol-dó la-do re-la-mi-do. La-la, La-si, mi-ré la mi-mí sol-la, la do-ré.”
Mi frase sexy favorita:
“( o )( o )”
Mi frase extraterrestre favorita:
“Blip blip terrícolas, blip blip”
Mi frase inocente favorita:
“¡¿…que me vas a hacer quéééé?!”
Mi frase loca favorita:
“¿Y el ocote? ¿Lo coloco o lo quito?”
Mi frase anagramática favorita:
“Paco capó poca copa”
Mi frase aritmética favorita:
“: , + x –“
(entre, coma más por menos)
Mi frase algebraica favorita:
“P2 A+A2 x 2 D2 + KK = A PG”
(5mentarios)
Mi frase radiofónica favorita:
“Shhhhgggggg.rrrrriiiiuuuu.”
Mi frase de terror favorita:
“¡Se acabó el papel de baño!”
Mi frase minimalista favorita:
“.“
Mi frase surrealista favorita:
“México“
Mi frase incontable favorita:
“Cincuenta.”
Mi frase deletreada y capicúa favorita:
“-¿CPK O CCK?
- ¡KCC O KPC!”
(deletrear en español)
Mi frase spelling favorita:
“A, TNS L PP TSO.”
(deletrear en inglés)
Mi frase inspiradora favorita:
“sniiiiiff”
Mi frase no inspirada favorita:
“”
Mi frase contreras favorita:
“.atirovaf sarertnoc esarf iM”
Mi frase navideña favorita:
“Merry-go-round and Happy New York”
Mis frases árabe favoritas:
“הصفك چځڀ گڼ ہے”
Mis frases hebrea favoritas:
“٦٨ ٩نסװ שצה”
Mis frases rusa favoritas:
“ОЎΓΆ ΔΩΝΗΑ ΛΛΆ”
Mi frase computacional favorita:
“0100 0001 0111 1010”
O lo que es lo mismo
“▌║│▌║▌”
Mi frase de apertura favorita:
“Ábrete, Sésamo.”
Mi frase de cierre favorita:
“¡Tan tán!”
Mi frase de constancia favorita:
"k"
Mi frase motivacional favorita:
"$$$"
Mi frase hipócrita favorita:
"¡Suegrita!¡Qué gusto verla por ésta su casa!"
Mi frase rápida favorita:
"zzuumm"
Mi frase errónea favorita:
"¡Hijo mío!"
Mi frase mentirosa favorita:
"¡Señorita!"
Mi frase circunfleja favorita:
"^"
Mi frase aguda favorita:
"Sí."
Mi frase sangrona favorita:
"A+"
Mi frase sangrienta favorita:
"Kotex"
Mi frase perrona favorita:
"¡Guau!¡Guau!"
Mi frase inquisidora favorita:
"Torquemada"
Mi frase intrigosa favorita:
"..."
Mi frase hecha pedazos favorita:
“)) prrrttt prrrttt prrrttt”
Mi frase destrozada favorita:
“mi frase des favorita”
Mi frase incoherente favorita:
“incoherente frase favorita mi”
Mi primer frase favorita:
“agugu da da”
Mi frase enferma favorita:
“¡cof cof!… ¡aaaachú!”
Mi frase cochinona favorita:
“oinc oinc”
Mi frase inconclusa favorita:
“M fras inconclus favorit”
Mi frase de aliento favorita:
“jjjjjj”
Mi frase morse favorita:
“.-- --- --. ..- .-.”
Mi frase encendida favorita:
“Antorcha”
Mi frase flemática favorita:
“ggggg ffffuuutttt”
Mi frase ácida favorita:
“H2SO4”
Mi frase agria favorita:
“Limón”
Mi frase moralista favorita:
“fresa, frambuesa, zarzamora, mora azul, mora negra”
Mi frase negativa favorita:
“-5”
Mi frase positiva favorita:
“ánodo”
Mi frase refrescante favorita:
“Coca Cola”
Mi frase de reflexión favorita:
“Espejo”
Mi frase de admiración favorita:
“¡Oooooh!”
Mi frase armoniosa favorita:
“Sol#, Re7ª, Síb”
Mi frase de arrepentimiento favorita:
“”
(mejor no la pongo)
Mi frase de autocrítica favorita:
“Tu coche está muy feo, la verdad”
Mi frase condenatoria favorita:
“Cadena perpetua”
Mi frase de consuelo favorita:
“Chelo”
Mi frase de contemplación favorita:
“Acero templado”
Mi frase correctiva favorita:
“Borrador”
Mi frase desordenada favorita:
“oM areva dsaiarnorsd tfeeaidf”
Mi frase de empeño favorita:
“Nacional Monte de Piedad”
Mi frase trigonométrica favorita:
“π cos(θ)”
Mi frase de maldecir favorita:
“Mi jrase de maldesir faborita”
Mi frase precipitada favorita:
“¡Cataplúm!”
Mi frase problemática favorita:
“Si Juan tiene el triple de la edad de Pedro, dentro de cuántos años tendrá el doble si…”
Mi frase relativa favorita:
“E=MC2”
Mi frase sincera favorita:
“depilación laser”
Enoch Alvarado
Mi frase subliminal favorita:
“ “
Mi frase oculta favorita:
Mi frase censurada favorita:
"#$@ $ $*@#@$# % &%$#"
Mi frase simpática favorita:
“Ja ja jajaja jo jo jo, jeje, ¡juar juar juar, ji ji!”
Traducida al inglés:
“Ho ho ho ho, hahaha, hehe, ¡giggle giggle!”
Mi frase de doble sentido favorita:
“Anita lava la tina”
Y, para los que spikinglish:
“A man, a plan, a canal, Panama”
Mi frase triste favorita:
“¡Bu ju!, snif snif.”
Mi frase corta favorita:
“I?.”
(¿y la tina?)
Mi frase picante favorita:
“Habanero, jalapeño, piquín y morita”.
Mi frase caliente favorita:
“¡Chinga tu madre!”
(¿Verdad que calienta?)
Mi frase mortal favorita:
“¡Bang!”
Mi frase satisfactoria favorita:
“¡Aaaaaaaah!”
Mi frase cortante favorita:
“Gillette”
Mi frase críptica favorita:
“Rmytr ñpd omfobofipd. Vp,p rmytr ñsd msvopmrd. rñ trd`ryp sñ frtrvjp skrmp rd ñs ásx”
Mi frase redundante favorita:
“Mi frase redundante favorita.”
Mi frase secreta favorita:
“XXXXTOPXXXSECRETXXXXXXXXX”
Mi frase chocante favorita:
“!Scriiiiiiiiich! ¡Craaash!.”
Mi frase misteriosa favorita:
“Chan chan chan chan.”
Mi frase musical favorita:
“Mi fa-fá sí sol-dó la-do re-la-mi-do. La-la, La-si, mi-ré la mi-mí sol-la, la do-ré.”
Mi frase sexy favorita:
“( o )( o )”
Mi frase extraterrestre favorita:
“Blip blip terrícolas, blip blip”
Mi frase inocente favorita:
“¡¿…que me vas a hacer quéééé?!”
Mi frase loca favorita:
“¿Y el ocote? ¿Lo coloco o lo quito?”
Mi frase anagramática favorita:
“Paco capó poca copa”
Mi frase aritmética favorita:
“: , + x –“
(entre, coma más por menos)
Mi frase algebraica favorita:
“P2 A+A2 x 2 D2 + KK = A PG”
(5mentarios)
Mi frase radiofónica favorita:
“Shhhhgggggg.rrrrriiiiuuuu.”
Mi frase de terror favorita:
“¡Se acabó el papel de baño!”
Mi frase minimalista favorita:
“.“
Mi frase surrealista favorita:
“México“
Mi frase incontable favorita:
“Cincuenta.”
Mi frase deletreada y capicúa favorita:
“-¿CPK O CCK?
- ¡KCC O KPC!”
(deletrear en español)
Mi frase spelling favorita:
“A, TNS L PP TSO.”
(deletrear en inglés)
Mi frase inspiradora favorita:
“sniiiiiff”
Mi frase no inspirada favorita:
“”
Mi frase contreras favorita:
“.atirovaf sarertnoc esarf iM”
Mi frase navideña favorita:
“Merry-go-round and Happy New York”
Mis frases árabe favoritas:
“הصفك چځڀ گڼ ہے”
Mis frases hebrea favoritas:
“٦٨ ٩نסװ שצה”
Mis frases rusa favoritas:
“ОЎΓΆ ΔΩΝΗΑ ΛΛΆ”
Mi frase computacional favorita:
“0100 0001 0111 1010”
O lo que es lo mismo
“▌║│▌║▌”
Mi frase de apertura favorita:
“Ábrete, Sésamo.”
Mi frase de cierre favorita:
“¡Tan tán!”
Mi frase de constancia favorita:
"k"
Mi frase motivacional favorita:
"$$$"
Mi frase hipócrita favorita:
"¡Suegrita!¡Qué gusto verla por ésta su casa!"
Mi frase rápida favorita:
"zzuumm"
Mi frase errónea favorita:
"¡Hijo mío!"
Mi frase mentirosa favorita:
"¡Señorita!"
Mi frase circunfleja favorita:
"^"
Mi frase aguda favorita:
"Sí."
Mi frase sangrona favorita:
"A+"
Mi frase sangrienta favorita:
"Kotex"
Mi frase perrona favorita:
"¡Guau!¡Guau!"
Mi frase inquisidora favorita:
"Torquemada"
Mi frase intrigosa favorita:
"..."
Mi frase hecha pedazos favorita:
“)) prrrttt prrrttt prrrttt”
Mi frase destrozada favorita:
“mi frase des favorita”
Mi frase incoherente favorita:
“incoherente frase favorita mi”
Mi primer frase favorita:
“agugu da da”
Mi frase enferma favorita:
“¡cof cof!… ¡aaaachú!”
Mi frase cochinona favorita:
“oinc oinc”
Mi frase inconclusa favorita:
“M fras inconclus favorit”
Mi frase de aliento favorita:
“jjjjjj”
Mi frase morse favorita:
“.-- --- --. ..- .-.”
Mi frase encendida favorita:
“Antorcha”
Mi frase flemática favorita:
“ggggg ffffuuutttt”
Mi frase ácida favorita:
“H2SO4”
Mi frase agria favorita:
“Limón”
Mi frase moralista favorita:
“fresa, frambuesa, zarzamora, mora azul, mora negra”
Mi frase negativa favorita:
“-5”
Mi frase positiva favorita:
“ánodo”
Mi frase refrescante favorita:
“Coca Cola”
Mi frase de reflexión favorita:
“Espejo”
Mi frase de admiración favorita:
“¡Oooooh!”
Mi frase armoniosa favorita:
“Sol#, Re7ª, Síb”
Mi frase de arrepentimiento favorita:
“”
(mejor no la pongo)
Mi frase de autocrítica favorita:
“Tu coche está muy feo, la verdad”
Mi frase condenatoria favorita:
“Cadena perpetua”
Mi frase de consuelo favorita:
“Chelo”
Mi frase de contemplación favorita:
“Acero templado”
Mi frase correctiva favorita:
“Borrador”
Mi frase desordenada favorita:
“oM areva dsaiarnorsd tfeeaidf”
Mi frase de empeño favorita:
“Nacional Monte de Piedad”
Mi frase trigonométrica favorita:
“π cos(θ)”
Mi frase de maldecir favorita:
“Mi jrase de maldesir faborita”
Mi frase precipitada favorita:
“¡Cataplúm!”
Mi frase problemática favorita:
“Si Juan tiene el triple de la edad de Pedro, dentro de cuántos años tendrá el doble si…”
Mi frase relativa favorita:
“E=MC2”
Mi frase sincera favorita:
“depilación laser”
Enoch Alvarado
14 de diciembre de 2008
Lo que aprendí de niño

Queridos amigos:
Aquí les pongo mi foto de bebé. Como verán, no he cambiado mucho. Bueno, algo. Porque en aquél entonces me gustaba mucho comer, dormir, jugar con mis amiguitas y mamar chichita. En cambio ahora ... ¡caramba, no he cambiado nada!
Les platico algo de lo que aprendí de niño:
- Aprendí que "ahorita" significa "hoy no".
- Aprendí que mis sobrenombres eran "siéntate y cállate".
- Aprendí que los idiotas sólo salen a la calle cuando papá maneja.
- Aprendí que jugar a "papá y mamá" es gritar como locos y romper platos.... ¡muy divertido!
- Aprendí que "déjese ahí" viene siempre antes de un manazo.
- Aprendí que no es divertido esconder el marcapasos de la abuela.
- Aprendí que no debes juntar todas las pastillas del botiquín en un solo frasco.
- Aprendí que, cuando juegas al doctor con las vecinitas, no cobras la consulta, sino la pagas con dulces.
- Aprendi que no debes gritar al estetoscopio del doctor.
- Aprendí que no te debes meter al cuarto de tus papás cuando parece que están haciendo ejercicio.
- Aprendí que las niñas chiquitas no se embarazan... afortunadamente.
- Aprendí que no debes esconderte en el bote de basura de noche cuando juegas a las escondidas.
- Aprendí que los gatos no tienen siete vidas, sólo una.
- Aprendí que si bañas al gato no los debes pasar por el rodillo de la lavadora para exprimirlo.
- Aprendí que no debes usar el cepillo de dientes de papá para lavarle la boca al perro.
- Aprendí que no debes poner espuma de afeitar en la boca del perro.
- Aprendí que debes tapar la licuadora antes de encenderla.
- Aprendí que no debes dejar el alfiletero debajo del cojín de la mecedora del abuelo.
- Aprendí que no podemos volar como Supermán desde la ventana.
- Aprendí que Diego Rivera no aprendió a pintar murales en las paredes de su casa.
- Aprendí que cuando desarmas un reloj siempre te sobran piezas al armarlo.
- Aprendí que no debes poner pegamento extrafuerte a la taza del baño.
- Aprendí que no debes conectar la luz cuando papá está haciendo reparaciones a los cables.
- Aprendí que no debes usar como maracas las latas de refresco y cerveza antes de la comida.
- Aprendí que las mujeres que ves, cuando vas con papá, no son realmente sus mamás, aunque él las salude así.
- Aprendí que no debes pintar bigotes ni barbas a las fotos del álbum de los abuelos.
- Aprendí que no debes ofrecerte a ayudar a colgar los tenis de nadie, cuando papá pregunte.
- Aprendí que, si juegas a los indios y vaqueros con tu hermanito menor, no debes prenderle fuego al poste donde lo amarraste.
Enoch Alvarado
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