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27 de abril de 2013

Poseída

Poseída


Se encontraba sobre la cama, poseída. Entre un intenso jadeo dejaba escapar sonidos guturales, gruñidos, maullidos felinos y una que otra palabra obscena. Sus ojos mostraban una telaraña de capilares rojizos sobre un blanco azulado. Sus párpados se abrían y cerraban a gran velocidad. Luego los apretó con fuerza y su cara entera, se transformó en un rictus indescifrable. Su torso se arqueó hacia atrás, tanto como jamás pude imaginar que le fuera posible… y luego, regresó  hacia delante de súbito. Lo repitió cuatro o cinco veces más. Su cabeza giraba, de frente, y su larga cabellera, despeinada, describía círculos enormes en el aire. Sus manos crispadas se clavaron en mi cuerpo y arañaron varias veces mi pecho, afortunadamente para mí, sus uñas estaban cortas. Sus piernas estaban rígidas, totalmente estiradas y sus pies en punta, en línea con sus piernas, también se agitaban fuertemente. Todo esto sucedió en unos cuantos segundos. Mis sentimientos fueron desde la sorpresa hasta el miedo, y de la risa por las poses grotescas hasta la satisfacción cuando, instantes después, me confesó que había sido el más prolongado y fuerte orgasmo de su vida.

6 de abril de 2013

Camino a casa

Camino a casa.

Recostó su cabeza sobre la ventanilla del tren. Observaba los árboles cercanos aparecer y desaparecer a gran velocidad mientras que a lo lejos veía los objetos moverse lentamente, al igual que su vida. Su presente era una vorágine de sentimientos y, a lo lejos, la felicidad tranquila, pausada y rutinaria de su casa donde su pasado sería nuevamente su futuro.

El aire fresco acariciaba su rostro al colarse por el marco gastado del cristal y recordó las manos que apenas ayer hicieran lo mismo, cuando él acarició su rostro, descubriéndola como lo haría un ciego; pero fue ella quien se conoció.

Por un instante su cuerpo entero se convirtió en campo de batalla entre sus pensamientos, sus sentimientos y sus deseos: “Te llevo conmigo, me quedo contigo, mi hijos serán tus hijos, tus hijos los míos, me siento llena, me siento vacía, me siento feliz, me siento triste… “. El asiento era la celda angosta e incómoda de la cual quería escapar, pero temía llamar la atención de los demás pasajeros. "No hay a dónde ir", se convenció a sí misma. Cerró los ojos. “El cerrojo de mi prisión está por dentro”, no lo pensó ni lo sintió, sólo lo supo. La reja que puso para  protegerse de los demás realmente era para protegerse de ella misma. Ahora le quedaba claro.

Ser fiel a su marido o ser fiel a sí misma fue la elección. Escogió la correcta. La seguridad y el tiempo no habían acabado con su amor, pero la pasión se convirtió en reposada amistad porque la pasión es más fuerte cuanto más breve es el tiempo disponible y porque la pasión no puede dejarse para mañana cuando no se sabe si habrá un después. Tal es la paradoja de querer hacer eterno un instante siendo que, cuanto más efímero más valioso.

Los últimos minutos juntos habían transcurrido en silencio, sin sueños ni pesadillas, si ayer ni mañana, sin promesas ni mentiras. Quiso escapar varias veces de aquella profunda intimidad, hasta entonces desconocida, que desnudaba mucho más allá del cuerpo; pero cada intento suyo por hacerlo fue respondido por un abrazo y un beso amoroso que le hicieron desistir. Conoció la felicidad de no sufrir; pero también el sufrimiento que causa la felicidad. No quería escapar de él, sino de ella misma. No creía merecer el momento. “Tolera la felicidad”, susurró él. Y soltó la última de sus defensas cuando estuvo segura de no necesitarlas y sintió el alivio de no cargar más su pesada coraza. Por un instante se sintió pequeña y grande a la vez, vulnerable e invulnerable, amada y libre.

Tuvo el deseo de cambiar un pasado por otro, pero comprendió que sería reemplazar un personaje en la misma vieja historia. Sentirse amada había sido hermoso, pero no nuevo. Saberse dueña de sí misma, de su presente, lo era mucho más. Llevó la vista a lo lejos, a horas de distancia. Sonrió tranquila y durmió, con la paz que sólo puede dar el camino a casa.

24 de marzo de 2012

Al despertar

Al despertar 

Me gusta despertarte cada mañana acariciando tu rostro y ver cómo cierras los ojos, mimosa,  mientras bajo suavemente por tus mejillas. Mueves la cabeza de un lado a otro para dejarme alcanzar cada rincón de tu cuello. Me deslizo rápidamente por tu espalda y arqueas tu cuerpo para dejarla expuesta. Con una mano me tomas suavemente para guiarme a través de tus hombros hasta llegar a la otra. Repetimos, juntos, el mismo recorrido por el otro brazo. Jugueteo un poco en tus axilas y llego a tu pecho. Cierras un poco tus hombros, breve gesto de pudor inútil, ya es demasiado tarde. Me dirijo hacia tu vientre y estás húmeda. Juego haciendo círculos alrededor de tu ombligo. Acaricio tus muslos y disfrutas enormemente la sensación. Levantas una pierna sin darte cuenta. No hay rincón de tu cuerpo que no haya recorrido cuando dejas correr el agua y me depositas en la jabonera.

Enoch Zote

9 de octubre de 2008

Bienvenida a la izquierda

Hace tiempo que circula el cuento "Bienvenida a la derecha". Aquí el texto y luego, viene la segunda parte... (para equilibrar el asunto)

Una universitaria cursaba el sexto semestre de sus estudios. Como es común en los universitarios, pensaba que era de izquierda y estaba a favor de la distribución de la riqueza, que aún ella no había logrado. Tenía vergüenza que su padre fuera de derecha y que se opusiera a los programas socialistas, proyectos de ley que otorgaban beneficios a los que no los merecían e impuestos más altos para los que tenían mayores ingresos de dinero. Sus honorables y objetivos profesores le habían asegurado que la de su papá era una filosofía equivocada. Por lo anterior, un día se decidió a enfrentar a su padre. Le habló del materialismo histórico, la dialéctica de Marx, tratándole de hacerle ver a su padre cuán equivocado estaba al defender un sistema tan injusto como el que defendía la derecha. En medio de la conversación su padre le pregunto:
- ¿Cómo van las clases?
- Van bien - respondió la estudiante - tengo promedio de notas de 10. Me cuesta, no tengo vida social y duermo poco, pero lo logro.
El padre pregunta:
- ¿Y a tu amiga Soledad, cómo le ha ido?
La hija respondió muy segura de sí misma: Muy mal, Soledad tiene cuatro de promedio. Se la pasa todo el tiempo en los centros comerciales, o anda de fiesta en fiesta, no estudia y muchas veces ni siquiera asiste a clases. No me extraña que repita el semestre.
El padre mirándola a los ojos, lo respondió: Entonces busca al Jefe de Departamento o al Decano mismo, a quien tú quieras y pídele que le transfiera 3 de los 10 puntos tuyos a ella, para que ambas tengan un 7, esta sería una buena y democrática distribución de notas.
Ella indignada le gritó: ¿Por qué? He tenido que trabajar muy duro para lograr mi promedio, mientras que Soledad se ha limitado a no estudiar y a buscar el lado fácil de la vida. No le pienso regalar mi trabajo a otra persona.
Su padre la abrazó cariñosamente y le dijo:
"¡¡¡BIENVENIDA A LA DERECHA !!!

Quitando lo tendencioso de decir que la izquierda quiere la "distribución de la riqueza" cuando en realidad el marxismo hablaba sólo de los BIENES DE PRODUCCIÓN y eso de que "no merecen beneficios" los que no aportan (no produces, no vales) la historia es muy aceptable. Ahora, veamos la otra cara de la moneda.

La misma estudiante, ya con su “nueva filosofía” entendida, prosiguió sus estudios con normalidad. El año estuvo muy duro, pero aún así sólo requería 5 puntos extra para conseguir entrar a la mejor Universidad por medio de una beca académica. Si no obtenía esos puntos, tendría que conformarse con la Universidad que la aceptara.

Para las calificaciones finales y sabedores de lo difícil que estuvo el semestre, los profesores –en conjunto- encargaron un trabajo con que requería de una larga investigación en enciclopedias y de uso intenso de computadora e Internet. El premio eran 10 puntos extra con los cuales, los alumnos decidirían a qué materias aplicar sus puntos para mejorar sus calificaciones. Nuestra estudiante se quejó con el maestro ya que ella y la mayoría de sus compañeros no tenían enciclopedia ni Internet en casa y que –en un ciber y en la biblioteca escolar- jamás terminarían a tiempo la tarea. Los profesores mantuvieron firme su postura pero permitieron que el trabajo se hiciera en equipos, pero los puntos se repartirían entre todos los participantes del equipo. Sólo tres compañeros tenían computadora en casa y de ellos, solamente Soledad (la “flojita”) tenía ambas cosas. Así que fue de inmediato con su amiga. Ella le respondió:

- Sí puedo hacerlo contigo, pero tengo dos condiciones: una, tú haces todo el trabajo y yo pongo la computadora y mi enciclopedia. Ya que yo pienso irme de vacaciones el fin de semana y dos, como estoy a punto de reprobar, quiero que de los 10 puntos, me des 8. Con estos puntos extra, alcanzaré a pasar en todas las materias y no repetiré el año.

- ¡No es justo! Ya que yo haré todo el trabajo y tú solo pones la computadora y la enciclopedia, al menos deberías darme 5 puntos.

- Lo siento. Si tú no quieres, Lulú está dispuesta, ya que ella sólo necesita esos 2 puntos y tú sabes que Lulú es muy buena estudiante... Decídete pronto, porque no le dije que sí a Lulú de inmediato para "hacerte el favor" a ti.

Con rabia, buscó a los otros compañeros con computadora y pensó que podría “sobrevivir” haciendo viajes de la biblioteca a la casa de ellos para realizar el trabajo. Sin embargo, ambos compañeros, se habían puesto de acuerdo con Soledad y también ofrecían sólo dos puntos de los 10 posibles.

Ella indignada, buscó consejo con su maestro “tutor” y explicó la situación. Su maestro la miró y cariñosamente y le dijo:

¡¡¡BIENVENIDA A LA IZQUIERDA !!!

No todo es blanco o negro. Ningún sistema político es perfecto. Somos las personas quienes damos el significado a las cosas. Cuando creemos que nuestra verdad es única y no escuchamos la verdad del de enfrente –sólo porque está enfrente- perdemos la oportunidad de avanzar. El mundo ha avanzado precisamente por aquellos que no se conforman con el estado actual de las cosas.

Enoch Alvarado

“No es lo mismo actuar por amor al pobre que por odio al rico”
Ernesto “Che” Guevara