La guerra de los Dioses.
Tengo un Dios que me ama, me cuida y salva de los peligros, me perdona mis fallas, cumple mis deseos y tiene para mi prometida la felicidad eterna. Definitivamente es muy “conveniente” un Dios así. Sobre todo, comparado con otros dioses cuyo carácter es enteramente opuesto: Un Dios que vigila, que castiga o que exige determinados comportamientos. Por supuesto, creo en el Dios que a mi me satisface y no puedo concebir que Dios no sea así. Por tanto, “mi” Dios y sólo mi Dios es el verdadero. Los demás son meras ilusiones o engaños del demonio. Quien piensa igual que yo, se salvará; pero quien no, irá al infierno.
Desgraciadamente, cada quien tiene su concepción de la divinidad la cual refleja sus más profundas necesidades y deseos. Es obvio que el Dios implacable y terrible de unos en poco se parece al Dios amoroso de otros. Ambos bandos se descalificarán mutuamente. En nuestro sistema de creencias, nosotros y sólo nosotros tenemos la razón. Ellos están equivocados terriblemente. ¿Equivocado yo? jamás. Lo mismo sucede en todas las religiones. Damos por hecho que sólo mi religión es la buena y las demás, falsas y, aún dentro de mi religión, las cosas son como yo las creo. Es muy cómodo pensar que ya me “salvé”, que ya “la hice” pues estoy del lado correcto…¡sólo por creer algo!. Yo estoy bien, los demás están mal. No hay posibilidad alguna de que yo me equivoque porque… ¿por qué? Sencillamente por nuestra necesidad infantil de tener a Dios de nuestro lado y “sentirnos protegidos”. Nos aferramos al pensamiento mágico que nada nos sucederá.
Es obvio que las creencias tan opuestas y encontradas acerca de la divinidad no pueden ser todas ciertas; sin embargo nadie está dispuesto a ceder un paso. Porque eso sería traicionar a Dios y entonces perderíamos todos los “privilegios” que tenemos con Él. ¿Es en realidad Dios como yo quiero que sea? Al crear una imagen “privada” de Dios lo estamos creando a nuestra imagen y semejanza. En realidad a imagen y semejanza de nuestros miedos, deseos y necesidades no resueltos.
Cuando algo malo nos sucede podemos considerarlo como “castigo divino” por aquellos que creemos en un Dios temible o bien, una “prueba” o bien, que sucedió porque “fallamos” en nuestra Fe, para quienes creemos en un Dios amoroso. No es porque en la vida sucedan cosas buenas y malas. En vez de aceptar la realidad, la acomodamos para justificar el carácter de Dios y, sobre todo por nuestra necesidad de que intervenga en nuestras vidas. Torcemos la realidad para justificar nuestras creencias. Así, la aparición del V.I.H. fue, para algunos, un signo “inequívoco” de la ira de Dios contra los varones homosexuales. Cuando se supo que no es exclusiva de ellos se convirtió un signo “inequívoco” de la ira de Dios contra los pecados de toda la humanidad. Coloquialmente decimos: "Si se muere, fue el médico. Si se cura, fue la Virgen".
Sin embargo, hemos constatado muchas veces que nuestros deseos no son cumplidos. ¿Acaso Dios no nos escuchó? Normalmente, no podemos aceptar eso y lo justificamos con argumentos: “Dios está muy ocupado”, “Mi Fe no es lo suficientemente buena” o “Dios me está castigando”. Entonces, necesitamos de “otros” semidioses para que nos “auxilien” o para que ellos sí nos concedan nuestros ruegos. Así, cuando Dios no es suficiente, acudimos a los Santos y ahí, entre ellos, hay unos más “milagrosos” que otros. O mejor, vamos derechito con la Virgen, ella es “Madre de Dios” y, por tanto, muy “influyente”. A últimas fechas, a falta de los milagros esperados, estamos recurriendo a los ángeles. Cuando tampoco sean escuchados nuestros ruegos, nos inventaremos algo nuevo para seguir pidiendo y esperando por los tan ansiados milagros.
Creer en la intromisión de Dios en todos los asuntos de la vida contiene la semilla de la apostasía. Si creemos que Dios manda las “bendiciones”, también creemos que Dios manda las “maldiciones” y castigos. Si no en nosotros, al menos esperamos que lo haga con los demás. Mientras todo sale como queremos, estamos muy “contentos” con “nuestro” Dios; pero cuando algo sale mal empiezan los reclamos, el alejamiento y hasta la blasfemia. Creer en la intervención divina en los asuntos humanos es renunciar al compromiso de vivir la vida. Si nos preguntamos “¿por qué Dios permite tanta miseria o injusticia en el mundo?” no vamos a ninguna parte. Si cambiamos la pregunta y la enunciamos en primera persona: “¿por qué permito yo tanta miseria o injusticia en el mundo?” entonces nos haremos conscientes de nuestra responsabilidad y podremos empezar a hacer algo, al menos en nuestro ámbito. Si vemos a un niño pasando frío y esperamos que Dios baje a cobijarlo estamos perdiendo el tiempo. Si le regalamos algo con qué cobijarse, entonces habremos dado un paso adelante. La responsabilidad viene con la madurez. Dar la espalda a la vida y esperar que venga Dios a arreglar los asuntos humanos y nuestros asuntos es fruto del pensamiento mágico infantil.
Tenemos la certeza que Dios está de nuestro lado y este es un sentimiento real. Tenemos certeza legítima de este sentimiento. Pero aunque la sensación es verdadera, eso no significa que nuestra creencia sea verdadera. Aún así, contra toda lógica, basamos nuestra Fe en esta certeza. Este sentimiento es tan “humano” que lo encontraremos en todas las religiones y aún fuera de ellas. Si visitamos un templo evangélico encontraremos a muchas personas recibiendo el “Espíritu Santo” bailando, revolviéndose, “hablando” otras lenguas, gritando o cayendo al suelo. ¿Acaso ellos están recibiendo realmente al Espíritu Santo? Aceptarlo sería pensar que nuestra religión no es la verdadera. Para nosotros, se trata de histeria colectiva y contraria a la “verdadera” religión. Pero quienes participan en el evento sinceramente creen que es el Espíritu Santo quien los “posee” y será imposible convencerlos de lo contrario, ya que también su certeza es legítima. Las curaciones milagrosas de otras religiones son patrañas, supersticiones u obras del demonio; pero las “propias” son verdaderas y obras de Dios. Las deidades hindúes que beben leche son tonterías de gente ignorante; pero las vírgenes que lloran no lo son. Una estatua de un dios africano es idolatría, una de un santo católico, es digna de todo respeto. Las apariciones de ángeles o vírgenes a católicos son verdaderas, las apariciones de ángeles de José Smith son falsas. Ver el rostro de Jesús en una mancha es milagro; ver el nombre de Alá en las nubes es ridículo. La Biblia está dictada por Dios, el Corán no lo es. Nuestra certeza no admite competencia con la ajena. Así que concluimos que son satánicas, ridículas o las ignoramos completamente.
En verdad el sentimiento de que Dios está con nosotros es real y nos “llena”. Muchas veces es tan intenso que podemos sentir una exaltación o “éxtasis místico” y somos “adictos” a éste. Esta exaltación también la sienten los idealistas revolucionarios, los soldados americanos que van a matar “terroristas” a Medio Oriente, aquellos jóvenes que salieron a golpear “emos”, los soldados nazis y en aquellos que pertenecen a la dianética, la gnosis, al KKK o a otros grupos. Es un sentimiento que mezcla “pertenecer”, “poseer la verdad” y la “superioridad moral”. Cuanto más grande el sentimiento, más justificables encontramos nuestros actos. No importa si es en nombre de “Dios”, del “Socialismo”, de la "pureza racial", de la “Libertad y Democracia” o en nombre de la “Ciencia” este sentimiento llevado al extremo ha conducido a las peores conductas a través de la historia de la humanidad.
El secreto de la felicidad es aceptar la vida, dejar de luchar en contra y empezar a fluir con ella. A final de cuentas, los sucesos de la vida son “neutros” y somos nosotros quienes les damos el significado que podemos, queremos o necesitamos. Un mismo suceso puede resultar triste o alegre, bueno o malo, castigo o bendición, según nuestro propio sistema de creencias. Por ejemplo, la muerte de un ser querido puede verse como un castigo divino o como un acto de misericordia de Dios ante una agonía. Un embarazo puede ser una bendición o un problema.
No se trata de renunciar a nuestras creencias. Se trata de renunciar al falso sentimiento de “seguridad”, de levantarnos de nuestra postración (que por cierto Dios jamás nos pidió lo hiciéramos), de responsabilizarnos por nosotros mismos –nuestros actos, pensamientos y sentimientos–, aceptar la vida como es y empezar a vivirla, que para eso estamos aquí.
Enoch Alvarado
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31 de enero de 2009
22 de octubre de 2008
¿Es esto un Dios verdadero?
Fragmentos del Corán. Léelos y forma tu propio criterio acerca de esta religión.
Yihad, guerra sagrada.
Cuando salgas a combatir contra tus enemigos y veas caballos, carros de guerra y un ejército más numeroso que tú, no les tengas miedo: Alá está contigo. Cuando te acerques a una ciudad para atacarla, primero le ofrecerás la paz. Si ella la acepta y te abre sus puertas, toda la población te pagará tributo y te servirá. Pero si rehúsa el ofrecimiento de paz y te opone resistencia, deberás sitiarla. Cuando Alá la ponga en tus manos, tú pasarás al filo de la espada a todos sus varones. En cuanto a las mujeres, los niños, el ganado y cualquier otra cosa que haya en la ciudad, podrás retenerlos como botín, y disfrutar de los despojos de los enemigos que Alá te entrega… Pero en las ciudades de esos pueblos que Alá te dará como herencia, no deberás dejar ningún sobreviviente. ¿Suficiente?
Cuando Alá te introduzca en la tierra de la que vas a tomar posesión… los pondrá en tus manos, y tú los derrotarás. Entonces los consagrarás al exterminio total: no hagas con ellos ningún pacto, ni les tengas compasión. ¿Dios querría ésto?
Prisioneras de guerra.
Cuando salgas a combatir contra tus enemigos, y Alá los ponga en tus manos, si tomas algunos prisioneros y entre ellos ves una mujer hermosa que te resulta atrayente, y por eso la quieres tomar por esposa, deberás llevarla a tu casa. … Pero si más tarde dejas de quererla, le permitirás disponer de sí misma, y no podrás venderla por dinero ni maltratarla, porque la has violentado. Que se mueran las feas...
Malos hijos.
Si un hombre tiene un hijo indócil y rebelde, que desobedece a su padre y a su madre, y no les hace caso cuando ellos lo reprenden, su padre y su madre lo presentarán ante los ancianos del lugar, en la puerta de la ciudad, y dirán a los ancianos: "Este hijo nuestro es indócil y rebelde; no quiere obedecernos, y es un libertino y un borracho". Entonces todos los habitantes de su ciudad lo matarán a pedradas. ¿Verdad que es bueno no haber nacido allá?
El valor de la mujer.
Si un hombre se casa con una mujer y se une a ella, pero después le toma aversión, la acusa falsamente y la difama, diciendo: "Yo me casé con esta mujer, y cuando me uní a ella comprobé que no era virgen", entonces el padre y la madre de la joven tomarán las pruebas de su virginidad, y las exhibirán ante los ancianos, en la puerta de la ciudad… Pero si la acusación resulta verdadera y no aparecen las pruebas de la virginidad de la joven, la sacarán a la puerta de la casa de su padre, y la gente de esa ciudad la matará a pedradas, por haber cometido una acción infame en Islam, prostituyéndose en la casa de su padre. Himen roto = muerte segura.
Adulterio femenino.
Si se sorprende a un hombre acostado con una mujer casada, morirán los dos: el hombre que estaba acostado con la mujer, y también ella. Así harás desaparecer el mal de entre ustedes. Pero si ella no es casada y él sí, no es delito. La poligamia es admitida y normal.
Violación.
Si una joven virgen está comprometida con un hombre, y otro la encuentra en la ciudad y se acuesta con ella, se hará salir a los dos a la puerta de esa ciudad y los matarán a pedradas: a la joven por no haber pedido auxilio, a pesar de que estaba en la ciudad; y al hombre por haber violado a la mujer de su prójimo… Pero si el hombre encuentra en el campo a la joven comprometida y se acuesta con ella por la fuerza, sólo morirá el hombre que se acostó con ella… tal vez la joven pidió auxilio, pero no había nadie que la socorriera. ¿Y si le tapó la boca? ¡Pobrecita muda...!
Si un hombre encuentra a una joven virgen que no está comprometida, la toma por la fuerza y se acuesta con ella, y son sorprendidos, el hombre que se acostó con ella deberá pagar al padre de la joven cincuenta monedas de plata y ella será su mujer. Nunca podrá repudiarla, porque él la violó. ¿El castigo para el violador? ¡Casarse con la mujer! (jaja, demasiado cruel) ¿Y ella? ¡Vivirá con su violador! (más cruel, aún)
Indeseables.
El que tenga los testículos mutilados o el pene cortado no será admitido en la asamblea de Alá. El bastardo no será admitido en la asamblea de Alá, ni siquiera en la décima generación. ¿Y qué culpa tienen los hijos?
Pudor.
Si unos hombres se pelean, y la mujer de uno de ellos, para librar a su marido de los golpes del otro, extiende la mano y lo toma por las partes genitales, deberás cortarle la mano sin tenerle compasión. Doña mariquita no meta la mano, porque si la mete le pica el gusano...
Muerte a los infieles.
Si en medio de ustedes, en una de las ciudades que Alá te dará, hay un hombre o una mujer… (que) va a servir a otros dioses y a postrarse delante de ellos… realiza una minuciosa investigación. Y si es verdad… saca a las puertas de tu ciudad al hombre o a la mujer que hayan cometido ese delito, y apedréalos hasta que mueran. ¿Tolerancia religiosa? ñaaaa
Si tu hermano —el hijo de tu padre o de tu madre— tu hijo o tu hija, la esposa que duerme en tus brazos, o tu amigo más íntimo, trata de seducirte en secreto, diciendo: "Vamos a servir a otro Dios" … no cedas a sus instigaciones ni le hagas caso. Sé implacable con él, no lo perdones ni lo encubras. Tendrás que hacerlo morir irremediablemente. Que tu mano sea la primera en levantarse contra él para quitarle la vida, y que después todo el pueblo haga lo mismo. Deberás apedrearlo hasta que muera, porque intentó apartarte de Alá. Calladitos se ven más bonitos...
¿Indignante? ¿Cruel? ¿Inhumana? ¿Falsa? ¿Un Dios verdadero jamás podría dictar semejantes leyes, verdad? ¿Qué opinión te merece un Dios así? ¿Una religión así? ¿Seguirías estos preceptos? ¿Basarías tu vida en esas leyes divinas?
Una última noticia: No se trata del Corán, sino de La Biblia (El Deuteronomio) . Sólo cambié las referencias a “Dios” o “El Señor” por “Alá”, sacerdotes por imanes e Israel por el Islam.
¿Sigues pensando lo mismo?
Moraleja: Qué fácil es juzgar cuando de otros se trata.
Enoch Alvarado
Yihad, guerra sagrada.
Cuando salgas a combatir contra tus enemigos y veas caballos, carros de guerra y un ejército más numeroso que tú, no les tengas miedo: Alá está contigo. Cuando te acerques a una ciudad para atacarla, primero le ofrecerás la paz. Si ella la acepta y te abre sus puertas, toda la población te pagará tributo y te servirá. Pero si rehúsa el ofrecimiento de paz y te opone resistencia, deberás sitiarla. Cuando Alá la ponga en tus manos, tú pasarás al filo de la espada a todos sus varones. En cuanto a las mujeres, los niños, el ganado y cualquier otra cosa que haya en la ciudad, podrás retenerlos como botín, y disfrutar de los despojos de los enemigos que Alá te entrega… Pero en las ciudades de esos pueblos que Alá te dará como herencia, no deberás dejar ningún sobreviviente. ¿Suficiente?
Cuando Alá te introduzca en la tierra de la que vas a tomar posesión… los pondrá en tus manos, y tú los derrotarás. Entonces los consagrarás al exterminio total: no hagas con ellos ningún pacto, ni les tengas compasión. ¿Dios querría ésto?
Prisioneras de guerra.
Cuando salgas a combatir contra tus enemigos, y Alá los ponga en tus manos, si tomas algunos prisioneros y entre ellos ves una mujer hermosa que te resulta atrayente, y por eso la quieres tomar por esposa, deberás llevarla a tu casa. … Pero si más tarde dejas de quererla, le permitirás disponer de sí misma, y no podrás venderla por dinero ni maltratarla, porque la has violentado. Que se mueran las feas...
Malos hijos.
Si un hombre tiene un hijo indócil y rebelde, que desobedece a su padre y a su madre, y no les hace caso cuando ellos lo reprenden, su padre y su madre lo presentarán ante los ancianos del lugar, en la puerta de la ciudad, y dirán a los ancianos: "Este hijo nuestro es indócil y rebelde; no quiere obedecernos, y es un libertino y un borracho". Entonces todos los habitantes de su ciudad lo matarán a pedradas. ¿Verdad que es bueno no haber nacido allá?
El valor de la mujer.
Si un hombre se casa con una mujer y se une a ella, pero después le toma aversión, la acusa falsamente y la difama, diciendo: "Yo me casé con esta mujer, y cuando me uní a ella comprobé que no era virgen", entonces el padre y la madre de la joven tomarán las pruebas de su virginidad, y las exhibirán ante los ancianos, en la puerta de la ciudad… Pero si la acusación resulta verdadera y no aparecen las pruebas de la virginidad de la joven, la sacarán a la puerta de la casa de su padre, y la gente de esa ciudad la matará a pedradas, por haber cometido una acción infame en Islam, prostituyéndose en la casa de su padre. Himen roto = muerte segura.
Adulterio femenino.
Si se sorprende a un hombre acostado con una mujer casada, morirán los dos: el hombre que estaba acostado con la mujer, y también ella. Así harás desaparecer el mal de entre ustedes. Pero si ella no es casada y él sí, no es delito. La poligamia es admitida y normal.
Violación.
Si una joven virgen está comprometida con un hombre, y otro la encuentra en la ciudad y se acuesta con ella, se hará salir a los dos a la puerta de esa ciudad y los matarán a pedradas: a la joven por no haber pedido auxilio, a pesar de que estaba en la ciudad; y al hombre por haber violado a la mujer de su prójimo… Pero si el hombre encuentra en el campo a la joven comprometida y se acuesta con ella por la fuerza, sólo morirá el hombre que se acostó con ella… tal vez la joven pidió auxilio, pero no había nadie que la socorriera. ¿Y si le tapó la boca? ¡Pobrecita muda...!
Si un hombre encuentra a una joven virgen que no está comprometida, la toma por la fuerza y se acuesta con ella, y son sorprendidos, el hombre que se acostó con ella deberá pagar al padre de la joven cincuenta monedas de plata y ella será su mujer. Nunca podrá repudiarla, porque él la violó. ¿El castigo para el violador? ¡Casarse con la mujer! (jaja, demasiado cruel) ¿Y ella? ¡Vivirá con su violador! (más cruel, aún)
Indeseables.
El que tenga los testículos mutilados o el pene cortado no será admitido en la asamblea de Alá. El bastardo no será admitido en la asamblea de Alá, ni siquiera en la décima generación. ¿Y qué culpa tienen los hijos?
Pudor.
Si unos hombres se pelean, y la mujer de uno de ellos, para librar a su marido de los golpes del otro, extiende la mano y lo toma por las partes genitales, deberás cortarle la mano sin tenerle compasión. Doña mariquita no meta la mano, porque si la mete le pica el gusano...
Muerte a los infieles.
Si en medio de ustedes, en una de las ciudades que Alá te dará, hay un hombre o una mujer… (que) va a servir a otros dioses y a postrarse delante de ellos… realiza una minuciosa investigación. Y si es verdad… saca a las puertas de tu ciudad al hombre o a la mujer que hayan cometido ese delito, y apedréalos hasta que mueran. ¿Tolerancia religiosa? ñaaaa
Si tu hermano —el hijo de tu padre o de tu madre— tu hijo o tu hija, la esposa que duerme en tus brazos, o tu amigo más íntimo, trata de seducirte en secreto, diciendo: "Vamos a servir a otro Dios" … no cedas a sus instigaciones ni le hagas caso. Sé implacable con él, no lo perdones ni lo encubras. Tendrás que hacerlo morir irremediablemente. Que tu mano sea la primera en levantarse contra él para quitarle la vida, y que después todo el pueblo haga lo mismo. Deberás apedrearlo hasta que muera, porque intentó apartarte de Alá. Calladitos se ven más bonitos...
¿Indignante? ¿Cruel? ¿Inhumana? ¿Falsa? ¿Un Dios verdadero jamás podría dictar semejantes leyes, verdad? ¿Qué opinión te merece un Dios así? ¿Una religión así? ¿Seguirías estos preceptos? ¿Basarías tu vida en esas leyes divinas?
Una última noticia: No se trata del Corán, sino de La Biblia (El Deuteronomio) . Sólo cambié las referencias a “Dios” o “El Señor” por “Alá”, sacerdotes por imanes e Israel por el Islam.
¿Sigues pensando lo mismo?
Moraleja: Qué fácil es juzgar cuando de otros se trata.
Enoch Alvarado
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